El día a día en el “Di Pasquo”, en el testimonio de una contagiada

 El día a día en el “Di Pasquo”, en el testimonio de una contagiada

En el centro de tratamiento de pacientes leves de la capital hay alrededor de 50 pacientes.

“Yo trabajo en el Hospital de La Toma. Nunca pensé que podía llegar a tener COVID-19, pero siempre traté de mantener todas las precauciones. El domingo pasado me llamaron para avisarme que quedaba aislada. Al día siguiente me indicaron que me harían el hisopado y el miércoles me informaron que mi resultado era positivo. Me dijeron que tenía una hora y media para arreglar mis cosas y que me iban a pasar a buscar para hacer el aislamiento. Sentí amargura, tristeza, se me pasó un montón de cosas por la mente”, describió Esther López, una enfermera que pasa sus días en el Centro de Tratamiento de Pacientes Leves “Monseñor Emilio Di Pasquo”.

El Centro, instalado en el predio de la exfábrica SCAC, tiene la función de ser un espacio de aislamiento para pacientes leves y está acondicionado para unas 150 personas.

Según explicó la jefa del Programa de Atención Primaria de la Salud del Departamento Pueyrredón, Marcela Weiher, cuando un paciente es diagnosticado y clasificado como leve y no tiene enfermedades de riesgo que lo puedan poner en una situación más compleja, lo trasladan al Centro “Di Pasquo” para cortar la cadena comunitaria de contagios.

Hasta el cierre de esta edición, en el lugar había alrededor de medio centenar de pacientes y hubo 5 altas médicas. En la primera etapa de la cuarentena, los leves eran tratados en el Hospital San Luis, pero como los contagios se aceleraron, para optimizar los recursos destinaron las camas del policlínico para aquellos que demandan otros tipos de cuidados más específicos.

“En el Centro hay varias personas, algunas se van a medida que sus PCR dan negativo, otros llegan. Estamos bien atendidas, tenemos camas, colchas, nos dan de comer de una manera muy especial, tenemos duchas y al menos en mi caso, los baños son mejores que los de mi casa”, contó Esther a El Diario.

“Al principio —recordó— éramos cuatro y ahora somos tres en el sector donde estoy. Por la mañana una enfermera nos hace los controles de monitoreo. Lo que sí tenemos que hacer es lavar nuestra ropa, pero está bien, no pretendemos estar en un hotel 5 estrellas; tendemos nuestras prendas recién lavadas en una habitación de la misma manera que lo hacemos en nuestra casa”.

“Algunas personas por ahí critican las instalaciones, pero hablan desde el desconocimiento, mienten, acá nos encontramos bien y estamos súper agradecidas”, expresó la enfermera.

No son fáciles los días. El recuerdo de la familia a veces hace brotar lágrimas, incluso hay una especie de culpa que resuena en algunos por la posibilidad de contagiar a sus seres queridos. Independientemente de ello, la situación les ha permitido pensarse a sí mismos: “Me sirvió para pensar más en Dios, le pido todos los días por mis pacientes, para que no les haya pasado nada”, dijo Esther.

“Quiero llevar tranquilidad al pueblo, estamos bien. Por ahí el día se hace largo, pero la gente nos trajo cosas para entretenernos: revistas, crucigramas, incluso cosas ricas, no nos vamos a volver delgadas a La Toma”, agrega, con una cuota de buen humor.

Y afirma: “Más allá del dolor de lo que se vive, de dejar por unos días a nuestras familias, estoy muy agradecida a todo el equipo y a la gente que hace posible esto, al igual que mis compañeras. Aprovecho la oportunidad para mandar un fuerte abrazo a nuestras familias, todo está bien”.

Otros síntomas

Weiher explicó que uno de los problemas que trae aparejados la enfermedad, más allá de la propia sintomatología física, es la afección emocional. “Si la pandemia afectó a toda la población, imagínense cómo impacta en los pacientes positivos. Estamos en la diagramación de una teleconferencia, a través de la telemedicina del equipo de Psicología, para brindar contención.  Muchos tienen miedo de haber contagiado a la familia, a los compañeros de trabajo, a los amigos, pero en realidad se trata de un virus que no se puede parar, incluso no lo pudieron frenar las potencias más desarrolladas. En esto no hay culpabilidad, es una enfermedad altamente contagiosa”, sostuvo la médica.

También recomendó aplicar todas las medidas preventivas y cuestionó a quienes interpretan la pandemia como un hecho de conspiración o descreen de su existencia. “Dudar de que estamos frente a una pandemia es una ignorancia, está todo a la vista, no hay duda. Quienes estamos en salud vemos las estadísticas generales, los enfermos, los muertos. Luego puede haber gente que está a favor o no de ciertas medidas, eso en el marco de la libertad de expresión y el conocimiento puede ser debatido, pero discutir frente a una pandemia es una ignorancia”, concluyó.

Fuente: El Diario de la República

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