La Policía busca a un pariente de la madre e hijo asesinados en Juan Llerena

 La Policía busca a un pariente de la madre e hijo asesinados en Juan Llerena

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Las víctimas son Mirta Reich y Alexander Aime. Los cuerpos estaban totalmente calcinados en un campo de Juan Llerena. Buscan a un pariente.

Alguien, los investigadores tratan de establecer quién, vio, supo o se enteró de que en la vivienda de “La Esperanza”, una estancia ubicada unos 15 kilómetros campo adentro de la autopista 55, no muy lejos de Juan Llerena, algo terrible pasaba. De alguna forma logró comunicarse con una pariente de la familia que vivía en esa casa y fue esa familiar la que puso en alerta a la Policía. Cuando los efectivos llegaron los lengüetazos de las llamas se habían apoderado de cada rincón de la vivienda de la finca. Los bomberos voluntarios de Villa Mercedes trabajaron toda la madrugada de ayer para extinguir el incendio y cuando lo consiguieron descubrieron que los daños no eran solo materiales: la dueña del campo y su hijo habían sido carcomidos hasta los huesos por el fuego.

Aunque los policías no podían asegurarlo, porque bajo las llamas también sucumbió la documentación que podría haber allí, las víctimas fueron identificadas como Mirta Reich y Alexander Aime. La mujer tenía más de 70 años y su hijo, alrededor de 45, le dijo a este medio una sobrina de la anciana que viajó desde La Punilla hasta “La Esperanza”, cuando se enteró a través de la web de El Diario que en lo de sus parientes habían hallado dos cadáveres.

Madre e hijo eran de Río Cuarto, pero vivían en ese establecimiento rural desde hacía unos 30 años. El marido de Mirta y sus dos hijos más jóvenes habían muerto hace tiempo, uno de ellos en un accidente. La mujer solo contaba con Alexander y con una hija, que vive en Río Cuarto, comentó una fuente.

La Policía todavía no sabe a qué atribuirle la ausencia del sobrino nieto de la mujer asesinada. Pero cree que ubicarlo puede ayudar a esclarecer los crímenes.

Es esa hija la que ayer, alrededor de las dos de la mañana, llamó al 911 de la ciudad donde reside. Les avisó, según trascendió, que en “La Esperanza”, situada en el kilómetro 804 de la ruta 55, a la que se accede después de recorrer 14 kilómetros y medio de un camino de tierra conocido como “La Cordobesa”, algo, tal vez un robo, había ocurrido.

Los policías de Río Cuarto se comunicaron, entonces, con sus pares de San Luis. Por jurisdicción, el hecho le correspondía a la Subcomisaría 7ª de Juan Llerena. Una vez allí, el personal de esa seccional solicitó la asistencia de los bomberos de “El Fortín” de Villa Mercedes.

Casi una hora y media les llevó a los rescatistas sofocar el fuego, estimó el comisario general Oscar Contrera, jefe de la Unidad Regional II. De hecho, cuando el jefe policial y el juez instructor Leandro Estrada llegaron a la estancia todavía una gruesa columna negra de humo se desprendía de la vivienda.

En medio de las tareas de extinción, los bomberos notaron lo que podrían ser dos cuerpos. Uno, los investigadores creen que el de Mirta, estaba en una de las seis habitaciones de la casa. El otro estaba a la intemperie, donde había otro foco ígneo, comentó Gabriel Giménez, el comandante de “El Fortín”. Ese segundo cadáver estaba a poco más de 80 metros de la casa, cerca de un enorme galpón de chapas, que madre e hijo usaban como depósito y cochera.

Sin dudas, fue intencional

La vivienda estaba quemada en un 90 por ciento y existía peligro de derrumbe, dijo Contrera. Es por eso también que la Policía no puede decir con certeza que el cadáver que estaba en la vivienda era el de Mirta. Estiman que así es porque, por las características de la morada, donde la hallaron sería su dormitorio. El cuerpo estaba sobre un montículo de restos carbonizados, tal vez lo que quedó de su cama.

Los peritos de los Bomberos de la Policía trabajaron hasta cerca de las cuatro de la tarde de ayer, tratando de determinar dónde y con qué fue iniciado el fuego. Aunque todavía no pueden asegurarlo, los investigadores presumen que el incendio fue provocado con un líquido de rápida combustión. De lo que sí no tienen dudas es que no se trató de un accidente, sino de algo intencional.

Ayer, al cierre de esta edición, la forense Sandra Miatello examinaba los cadáveres para establecer si tenían lesiones que les permitan a los investigadores reconstruir qué fue lo que sucedió. Por ejemplo, si antes del incendio madre e hijo ya habían sido asesinados.

“No tenemos todavía una hipótesis formada sobre lo que pasó. Pero el personal está hablando con vecinos de la zona, también averigua el entorno laboral y familiar de las víctimas para tratar de responder algunas preguntas, más allá de intentar establecer cuál pudo ser el móvil” del doble homicidio, comentó el jefe de la Regional II.

Una de las personas que intentan ubicar es a Claudio Nahuel, un sobrino nieto de Mirta. Según los averiguaciones, el hombre, además de vivir con las víctimas, trabajaba para ellos en “La Esperanza”. Hasta ayer, a la tarde, su paradero era desconocido. Otra cosa que la Policía trataba de localizar era la camioneta de madre e hijo, que también había desaparecido de la estancia.

Un motivo: el dinero

Los investigadores aún no arriesgan una hipótesis sobre qué fue lo que motivó al o los asesinos de Mirta y Alexander, pero, según una fuente, no está lejos que el doble crimen tenga su origen en un interés económico. Puesto que “La Esperanza” no es un campo pequeño. No tiene menos de 1.500 hectáreas. Está destinado a la cría de ganado, que está en excelentes condiciones. Además de la casa donde vivían las víctimas, “tipo chalet, paredes de piedra y techo de loza”, como describió el jefe de los bomberos, había dos galpones que funcionaban como depósitos y otra vivienda más pequeña, destinada a los empleados rurales que en algún momento tuvieron. Todo ello da cuenta de que no tenían precisamente un mal pasar económico.

redaccionradio

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