La única vez en San Luis: cómo se logró la histórica foto

 La única vez en San Luis: cómo se logró la histórica foto

Hacía pocos meses que Javier Carrillo trabajaba en El Diario. “No tenía nada de experiencia”; “escondí la cámara adentro de mi campera” para lograr el registro, recordó.

Javier Carrillo tenía 25 años en 1992. Hacía pocos meses trabajaba en la Redacción de El Diario de la República como reportero gráfico y le tocó la tarea más difícil ese domingo 12 de enero de 1992. “Recuerdo que en diciembre del 91 me tocó fotografiar a Juan Gilberto Funes en la Fiesta de los Destacados que realiza El Diario cada año. Ya estaba muy flaco y con su pelo largo característico, y esa noche me contó que en un par de semanas lo iban a operar del corazón en Buenos Aires”, comentó Carrillo.

Sobre esa mañana que le tocó cubrir el velatorio de Funes, dijo que cuando lo vio llegar a Diego quedó justo de frente a él, Ruggeri y Gareca: “Entonces me agacho y le hago la primera foto con un flash muy potente que se usaba en esa época. Diego se enoja y me grita, ‘si querés sacar fotos andate a un potrero’. Y se me vino al humo, me tiró una patada, pero yo logré hacerme para atrás. Igual me agarró de los pelos y en una fracción de segundos un montón de periodistas llegaron hasta ese amplio pasillo y entre Gareca y Ruggeri me lo sacaron”.

El fotógrafo quedó conmovido y muy nervioso “porque además yo no tenía nada de experiencia”. Carrillo se volvió a la Redacción y habló con el director periodístico para contarle lo sucedido. El jefe lo convenció de que debía volver y conseguir más fotos.

“Mientras iba hacia el lugar del velorio repasaba en mi cabeza lo que quería y lo que no quería hacer. Entonces me escondí la cámara adentro de mi campera y cuando entré al Salón Blanco lo veo a Maradona junto al féretro. Justo se veía cómo entraban los rayos de sol al máximo por los ventanales. Yo tenía una película blanco y negro de 400 asas que era más sensible a la luz y me habían dicho que se podía forzar hasta las 800 asas. Yo nunca lo había hecho, pero me arriesgué: rompí la campera a la altura de mi ombligo, saqué el objetivo, lo puse en gran angular y encuadré a ojo. Me acerqué lo más que pude y gatillé”.

Cuando volvió al laboratorio la reveló como le habían dicho, pero salió un negativo mediocre. “Lo puse en un papel común y corriente de fotografía, pero cuando la quise imprimir era una sola mancha gris, aunque atrás se veía una imagen. Pero con un papel de la máquina teletipo, que era la que recibía las fotos y textos de las agencias de noticias en esa época, pude proyectar la imagen y así conseguí esa foto inolvidable”.  

Fuente: El Diario de la Reública

Matías Cussomano

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