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Las víctimas eran menores cuando ocurrieron los hechos. En uno de los casos, hubo acceso carnal.

Cuando la mamá se iba a trabajar –hacía tareas domésticas en casas de familia y cuidaba enfermos– una de sus hijas le pedía que por favor no se fuera, o que la llevara con ella. La nena no quería quedarse en la casa, o, mejor dicho, no quería quedarse con su padrastro, Sergio Antonio Luna. Y era por razones concretas: cuando su mamá no estaba, el hombre la abusaba. Sus dos hermanas también han sido víctimas de acometimientos sexuales, según consideró la Cámara del Crimen 1 de San Luis, que este jueves condenó a Luna de forma unánime a 18 años de cárcel.

El tribunal dio a conocer el veredicto a la siesta, un rato después de que la fiscal de Cámara 1, Carolina Monte Riso, y la defensora oficial interina, Yanina Del Viso, hicieran sus alegatos.

La primera opinó que estaba acreditado que Luna, de 40 años, había sido autor de «Abuso sexual con acceso carnal, agravado por la convivencia preexistente» en el caso de una de las damnificadas, la hermana del medio. Y que las otras dos, es decir, la mayor y la más pequeña, habían sido víctimas de «Abuso sexual gravemente ultrajante», también calificado por la convivencia.

Monte Riso solicitó que le aplicaran 20 años de prisión, cuatro más que los que había pedido en su momento el fiscal de instrucción, Ernesto Lutens. El tribunal, que es presidido por José Luis Flores y completan Silvia Aizpeolea y Hugo Saá Petrino, coincidió con la fiscal en cuanto a la calificación del hecho, pero condenó a Luna a 18 años de prisión.

Monte Riso argumentó durante su exposición que justamente el hecho de que viviera bajo el mismo techo de las niñas, es lo que le permitió a Luna desplegar los ataques de forma prácticamente cotidiana, aprovechando los momentos en los que su mujer no estaba, porque se encontraba en el trabajo.

Para las jóvenes, esto implicó convivir con el enemigo en casa, con la angustia permanente de no saber en qué momento iban a ser sometidas a la perversión del padrastro, a quien le decían «papá», ya que lo conocían desde muy pequeñas.

Luna y la mamá de las damnificadas tienen tres hijos en común –son dos nenas y un varón–, que, según los estudios realizados, no han sido ultrajados. Pero sí han sido víctimas indirectas de la violencia que Luna ejercía sobre la denunciante. Los chicos eran testigos de las golpizas. En una ocasión, vieron a su mamá desplomarse en el piso, tras ser asfixiada por su pareja. En otra, él le pegó de tal forma que ella perdió un diente.

Los abusos fueron denunciados por la madre de las chicas en 2011. Las hermanas hicieron la revelación cuando Luna y su madre estaban separados, tras un episodio de violencia de género. La pareja había comenzado a tener contacto nuevamente, por los tres hijos más chicos, cuando las hermanas resolvieron contarle a su mamá sobre los sometimientos.

Durante sus charlas, ellas habían descubierto que habían vivido, por separado, los acometimientos de su padrastro.

La mayor y la menor dieron cuenta del acecho, los tocamientos y las amenazas que habían sufrido. Contaron en su oportunidad que Luna se metía al baño cuando se duchaban; o en la habitación, cuando se cambiaban; o en la cama, cuando descansaban. Ahí perpetraba los ultrajes.

La del medio recordó circunstancias concretas en las que el padrastro la accedió carnalmente. Y, en efecto, en su caso, el examen médico dio cuenta de la existencia de desgarros en la zona íntima.

La representante del Ministerio Público Fiscal valoró como atenuantes la falta de antecedentes del acusado, y, como agravantes, la reiteración, el daño psicológico causado y el aprovechamiento de la convivencia.

La defensora dijo que, en efecto, Luna era violento, que agredía a la madre de las víctimas. Por ello, según el razonamiento de Del Viso, cuando las chicas advirtieron, en 2011, que su padrastro y su madre habían vuelto a tener cierto contacto, se pusieron de acuerdo para acusar al padrastro por abuso, para impedir que su mamá volviera a convivir con él y no se viera expuesta nuevamente a los maltratos. Dijo que la ausencia del acusado trajo un remanso, la paz y la tranquilidad que el hogar no tuvo mientras él estuvo en la casa.

Refirió, además, otra razón por la que las chicas lo habrían señalado: el hecho de que, como figura paterna, Luna imponía reglas de convivencia. 

También indicó que al momento de la denuncia, la hermana del medio, la que sufrió acceso carnal, tenía novio, por lo que dio a entender que el resultado del informe médico podía tener que ver con la posible actividad sexual consentida con su pareja, y no con la presunta violación del padrastro.

Por esas razones, ella consideró que no estaba probada la existencia del hecho, y mucho menos que Luna fuera el autor, por lo que le solicitó al tribunal la absolución.